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Historias de 100 años (86): Las taquillas intervenidas

Imagen del partido Mallorca-Tortosa, jugado en Son Canals.

Por Xesc Ramis.

La temporada 1951/52 era la tercera consecutiva que el Mallorca jugaba en Segunda División y la séptima de las últimas ocho temporadas. Un buen inicio hizo que en la jornada 6, por primera vez en todos esos años, la gente empezara a ilusionarse con un posible ascenso a Primera División. El Mallorca poseía una buena plantilla, empezando por el portero Caldentey, que a final de esa temporada ficharía por el Barcelona y acabando en el habilidoso extremo izquierdo Tomás Ferrer; otras de sus grandes figuras eran los delanteros mallorquines Antonio Morro y Miguel Sans.

Sin embargo, con el paso del tiempo, aunque las actuaciones en el Luis Sitjar rozaban el sobresaliente, cediendo tan solo un empate y dos derrotas en toda la temporada, lejos de la isla el Mallorca empezó a languidecer y solía regresar de sus viajes con las alforjas vacías de puntos positivos. Al final se alcanzó la mejor clasificación de la historia, pero el sexto puesto no fue suficiente para alcanzar ni siquiera la promoción de ascenso a Primera División, que se quedó a cuatro puntos.

La cuestión es que al finalizar la temporada, el Mallorca acumulaba una serie de deudas con sus jugadores y, aunque no existía el fair-play financiero, la Real Federación Española de Fútbol tomó cartas en el asunto y en su reunión del día 4 de mayo de 1952 acordó el cese la junta directiva del R.C.D. Mallorca, presidida por Antonio Buades Ferrer, “por negarse a permitir la intervención de taquillas ordenada reglamentariamente para llegar al pago de cantidades adeudadas a jugadores, una vez cumplidos todos los compromisos contraídos”; así mismo se le aplicó el artículo 111 del Reglamento, suspendiendo al club bermellón en su derecho de jugar en su propio campo los partidos que le correspondiera jugar en éste.

Esta situación podría haberse solventado con tranquilidad durante el verano si no fuera porque el Mallorca estaba apuntado para disputar la Copa Federación, habiéndole correspondido como rival el Tortosa, de la Tercera División. El Mallorca debía jugar el día 11 en casa el partido de vuelta, con la necesidad de remontar el 6-4 del partido de ida.

Recibida la notificación oficial el día 7 de mayo, el presidente de la Federación Balear de Fútbol, Joaquín Fuster de Puigdorfila, Conde de Olocau, procedió al nombramiento de un grupo gestor que administrara el club hasta la elección de una nueva junta directiva. La comisión estaba formada por José Tous Lladó, director de “La Última Hora”, José Abrines, médico, Sebastián Virto González, comandante de aviación y Onofre Picó, agente comercial y antiguo jugador del Alfonso XIII. Así mismo inició gestiones para tratar que el partido contra el Tortosa pudiera disputarse en el Luis Sitjar.

El presidente Buades puso a disposición del Gobernador Civil, Alejandro Rodríguez de Valcárcel, todos los documentos de prueba que precisara para conocer la verdad de su gestión al frente del Mallorca. Por intermediación de éste, el presidente de la Federación Española de Fútbol, Sancho Dávila, autorizó la presentación de un recurso a la junta directiva cesante, aunque no consiguió que el acuerdo del Comité de Competición fuera, por el momento, revocado, lo que significó que el partido se jugara en el campo de Son Canals. El Mallorca, handicapado por la lesión de Morro en el minuto 2 que le obligó a retirarse, empató a dos y cayó derrotado. El perjudicado no fue solo el primer equipo mallorquinista, si no también el filial, el Recreativo, que tuvo que acabar la temporada jugando en Son Canals.

El lunes 12, a las siete de la tarde, levantando acta el notario Germán Chacártegui, los señores Buades, ex presidente del Mallorca y Fuster, ex secretario del Mallorca procedieron a entregar las llaves del club a Campuzano, vicepresidente de la Federación Balear y los componentes de la junta gestora Abrines, Aymat, Picó y La Portilla.

El 30 de mayo la junta directiva cesante envía un escrito a la prensa en el que aseguran haber cogido un equipo en ruinas, con más de dos millones y medio de pesetas de deuda, de las cuales cerca de un millón a los jugadores, con menos de un mes de antelación de la fecha de inicio del campeonato. Consiguen que la Federación autorice la inscripción del club aunque las deudas no se han saldado en su totalidad. Los pagos de la temporada en curso se llevan al día e incluso se van saldando deudas antiguas. Pero, desde el 23 de marzo, son intervenidas las taquillas, a razón de 10.000 pesetas por partido. Sin embargo, tras el partido contra el Atlético Baleares, la Federación Balear de Fútbol pretende una cantidad superior a las 12.000 pesetas que se le entregaban, cantidad que ese día rehusó aceptar. Ello provocó la denuncia ante la Española, que decretó el cierre del campo y el cese de la junta directiva.

Finalmente, atendiendo al recurso presentado, el 5 de junio de 1952, se levantó la clausura del estadio Luis Sitjar y se aconsejó el rápido nombramiento de una junta directiva, conforme mandan los reglamentos federativos. Al día siguiente apareció una nota del Mallorca en la prensa al objeto de convocar elecciones en el Mallorca. Las candidaturas deberían ir avaladas por 78 socios para poder ser consideradas. Tras muchos tiras y aflojas y dos juntas gestoras, la segunda presidida por Luis Sitjar Castellá, el 23 de septiembre de 1952 se cerró la crisis con el nombramiento de la nueva junta directiva, presidida por el mismo Antonio Buades Ferrer.

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