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Historias de 100 años (91): El penalti que se pitó de oído

Clarividente foto del diario Marca

Por Xesc Ramis.

El Real Club Celta de Vigo ascendió a Primera División en la temporada 1991/92, con una plantilla en la que destacaban los goleadores Gudelj y Salillas, los centrocampista Fabiano y Vicente o el lateral Otero. Hasta la temporada 1996/97 fue salvando la categoría con más o menos solvencia; no fue hasta la campaña 1997/98 cuando dio el salto de calidad. Parece que había esperado a que el Mallorca reingresara en la categoría para hacerlo.

Casi no hace falta recordar el «plantillón» que tenían los vigueses esas temporadas con Dutuel, Pinto, Berizzo, Cáceres, Míchel Salgado, Djorovic, Mazinho, Giovanella, Gustavo López, Karpin, Mostovoi, Catanha, Edú o Juan Sánchez, entre otros. Será muy difícil que puedan juntar otras plantillas con tal cantidad de astros.

En esas apareció el Mallorca en la categoría y también consiguió juntar un grupo de jugadores con una calidad tal que, posiblemente, tampoco nunca volveremos a ver juntos.

No fue muy difícil que los partidos entre el Celta y el Mallorca pasaran a tener la categoría de épicos. Tras el Barcelona y el Real Madrid eran, sin duda alguna, los dos equipos que mejor fútbol practicaban en la categoría. De hecho el pique por ver quién acababa mejor clasificado marcó esas temporadas del final del siglo XX y principios del siglo XXI. El Mallorca acabó 5, 3, 10, 3, 16 y 9 entre las temporadas 1997/98 y la 2002/03; mientras que el Celta, en esas mismas temporadas, ocupaba las posiciones 6, 5, 7, 6, 5 y 4. La temporada 2003/04 se rompió el pique debido al inesperado descenso de los vigueses.

En medio de esa maraña de ‘partidos del siglo’ y de piques, no siempre muy deportivos, entre jugadores de ambos clubes, llega la historia de hoy. La historia del penalti de Balaídos en partido de Copa correspondiente a la ida de los cuartos de final jugado el 31 de enero de 2001. El partido llegaba enrarecido en el Mallorca por el traspaso de Stankovic al Olimpique de Marsella contra su voluntad.

El partido empezó bien para el Mallorca con un gol de Finidi al cuarto de hora de juego, resultado con el que se llegó al descanso. A los seis minutos de la reanudación llegó el escándalo arbitral de López Nieto. Antes de seguir, quiero recordar que en esa época no había pinganillos ni intercomunicadores entre el árbitro y sus asistentes, ni tampoco VAR, por lo que las jugadas en las áreas eran competencia exclusiva del trencilla. En ese minuto el andaluz señaló un penalti a favor del Celta que, a la par que totalmente discutible, ni siquiera había visto, ya que la jugada entre Finidi y Vagner ocurrió a su espalda, tal y como demostraron fehacientemente las imágenes de televisión. Al girarse y ver al jugador celtiña en el suelo, señaló el punto fatídico sin encomendarse ni a Dios ni al diablo. Gustavo López anotó y empató el partido.

Ese penalti descentró completamente a los mallorquinistas que, se olvidaron del partido de fútbol y se metieron en un partido que no les convenía de protestas y entradas duras. El Celta, más centrado, y con un Karpin que se movía como el pez en el agua en estos partidos, consiguió dos goles más por obra de Gustavo López y Cáceres. El Mallorca, lo más que logró fue que Marcos fuera expulsado, que Eto’o le propinara un cabezazo a un provocador Karpin al acabar el partido y que Finidi abandonara el terreno de juego haciendo cortes de manga a los espectadores que no cesaban de tirarle objetos. Desde luego, López Nieto casi había superado la ‘faena’ de Turienzo Álvarez en el partido de Liga.

Ya en el aeropuerto Luis Aragonés estuvo a punto de llegar a las manos con un seguidor vigués por defender a Samuel Eto’o, al que le había llamado «negro de mierda». Al final, el Mallorca no pudo superar la eliminatoria y el Celta de Vigo consiguió llegar a la final, perdiendo contra el Real Zaragoza por 3-1.

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