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RCD Mallorca 9 Comentarios - ( )

MA-15

Por Luis Sanchis

Nada garantiza nada.  Y cuando digo nada, es nada. Quien diga lo contrario, o todavía es extremadamente joven (bendita juventud) o, simplemente, miente. 35 años de experiencia avalan mi tesis y el fútbol, el Mallorca más concretamente, no se cansan de demostrarlo.

Empatados a títulos, universitarios en mi caso y oficiales en lo que respecta a lo verdaderamente importante, tanto el Mallorca como un servidor competimos en una categoría que no consideramos como propia. Unos se fajan en esos malditos campos de césped artificial mientras otro se levanta a las 5:00 am para recorrer, ida y vuelta, esos 115 kilómetros que separan Palma de Manacor.

Y pensamos en el escudo, en nuestras gestas por Europa y en todos los Excelentes acumulados en Bachillerato. “Eso bastará para volver a donde nos corresponde”. El pasado pesa, mucho, y las expectativas generadas son una losa difícil de soportar en algún que otro momento. Mi madre. Mi santa madre. Creo que ella es la que peor lo lleva. Pero la realidad se impone, siempre, y más vale de que te enteres lo antes posible antes de seguir cavando un sumidero bajo tus pies que puede llegar a no tener fin.

La cura de humildad es brutal. Un añito en el infierno de la Segunda División será más que suficiente para regresar a la arena del Gran Circo y pelear de nuevo con los más grandes. Nada más lejos de la realidad. Hizo falta algo más de tiempo, pero el Mallorca acabó con sus huesos en el lodazal de la Segunda División B. Porque, al fin y al cabo, y ahí va otra certeza, las cosas siempre pueden ir a peor.

El trayecto es largo. Os lo aseguro. Pero a uno le da tiempo a casarse y tener dos hijos. A valorar a un grupo humano por lo que ya ha demostrado y por lo que todavía está en disposición de demostrar. Da tiempo a aprender, da tiempo a sufrir e incluso da tiempo, me atrevería a decir, da tiempo a ser feliz. Y a seguir soñando. Soñar con llegar a esos últimos 90 minutos definitivos, a ese partido de vuelta con opciones. Sea de la manera que sea.

Ya no veré a The Kop rugir frente a Steven Gerrard. Llego tarde. Y me jode como no os podéis imaginar. Pero todavía estoy a tiempo, estoy seguro, tengo que estar seguro, de poder narrar el gol de ese canterano bermellón, ahora en categoría alevín, que deshaga ese absurdo empate que mantienen el Mallorca y mi currículum. Por eso, ahora no es el momento de adormilarse frente al volante. No es el momento de dudar frente al balón.

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