Ni gozo ni pozo

Habrá que seguir remando. La grada ayuda, pero no golea. Muriqi hizo cuanto pudo, pasado de ansiedad, precipitación y una presión innecesaria pero, como había dicho en la previa Carlos Corberán, el entrenador del Valencia, el Mallorca es algo más que el kosovar. O debería.

El miedo a perder que ambos contrincantes exhibieron en la primera parte, con varias ocasiones deperdiciadas por Asano, voluntarioso pero limitado, contrarestada por una sola cerca de los palos cubiertos por Leo Román, cambió en la continuación a raíz del tanto de Samu que abría el mercador, la esperanza y el gozo. Herido de muerte el tigre, Demichelis decidió sustituir al japonés por Jan Virgili, mejor dotado, y el joven jugador catalán generó hasta tres situaciones para matar al animal moribundo. Ni él, ni ninguno de sus compañeros, unas veces por egoismo, otras por exceso de generosidad y, en todo caso, por ansiedad y precipitación, dieron el descabello y permitieron a la bestia sacar sus garras cuando el esfuerzo por abatirlo había decaido y el banquillo local carece de recursos.

El técnico valenciano disponía de más cera que la que sacó para quemar. Con nueva infantería, Javi Guerra y toda la artillería, Danjuma y Luis Rioja, se lanzó a por aquello que había venido a buscar, el empate. Curiosamente fue el Mallorca quien terminó aceptándolo cuando Demichelis, desencantado, optó por refrescar la defensa, David López, ante el temor de pagar un precio mayor que, por cierto, estuvo a punto de ser cobrado en la última acción de la tarde.

Sus hombres no estuvieron cómodos en la mitad del tiempo que duró la batalla. La muralla plantada por el enemigo con sus once jugadores defendiendo el terreno, exigía mayor rapidez, más embestidas y opciones diferentes a la búsqueda del protagonista involuntario del lance, severamente vigilado. No apareció esa segunda línea hasta después del descanso, con el tanto de Samu que pudo cambiar el signo final de haber rematado la faena, pero entre unos y los otros la casa se quedó sin barrer. El orden impuesto por Sergi Darder se rompía en la simpleza de Morlanes, sus descuidos defensivos y la premiosidad de los artilleros.

Nada que celebrar, ni nada que lamentar, al menos por ahora. Nadie dijo que iba a ser fácil. El sábado en Vitoria otra final no apta para pusilánimes.