La burbuja del fútbol ¿español?
El Mallorca es uno de los 16 clubs de segunda división en manos de capital extranjero según un informe publicado hace unos días por el diario El País del que se desprende que solamente seis equipos, uno de ellos el filial de la Real Sociedad, pertenece a accionistas españoles: Las Palmas, Tenerife, Eibar, Andorra y Ceuta, que no es SAD. La traducción es fácil: el 72,72 por cien de la Liga Hypermotion depende de fondos o empresarios principalmente norteamericanos, seguidos de argentinos, algún otro país sudamericano y, hasta hace poco, algún asiático, caso del Granada que ahora también ha sido adquirido por Michael Swimmer un popular jugador profesional de béisbol. La fiebre alcanza a la Primera Federación en la que, además del Atlético Baleares, otros equipos como el Real Zaragoza, la Cultural Leonesa, el Lugo o el Majadahonda son propiedad de empresarios del otro lado del Atlántico.
La proporción baja en primera división. Real Madrid, CF Barcelona, Osasuna y Athletic no se han reconvertido en sociedades anónimas, pero el Espanyol, el Valencia, el Sevilla, El Racing de Santander, el Atlético, el Celta de Vigo, el Elche y el Málaga que constituyen la mitad de la categoría si descontmos los cuatro citados. Si sumamos el total de los 42 inscritos en la Liga de Fútbol Profesional, podemos establecer que el 57 por cien de nuestra Liga se encuentra dominada por entidades financieras o inversionistas ajenas al deporte en sí mismo y exclusivamente dedicadas al negocio del fútbol, todo un contrasentido con la realidad de una Selección integrada únicamente por profesionales nativos que se acaba de proclamar campeona en dos de los últimos cinco mundiales de la FIFA.
Javier Tebas, presidente de esta patronal mayoritariamente extranjera, suele presumir de «la fuerza de nuestro fútbol», sin entrar en detalles de los resultados negativos que registran la mayoría de sus integrantes año tras año. Su realidad la demuestran las escasas operaciones de fichajes y traspasos, salvo el despilfarro de los grandes, efectuadas a traves de cesiones temporales y, eso si, a mayores beneficios de los repesentantes y agencias de futbolistas que mueven más dinero que nunca, el que sus clientes no tienen.










