Error fatal
El Almería hizo en la primera mitad lo mismo que el Mallorca después del intermedio: nada. La diferencia reside en que se encontró con un gol de regalo, mientras los de Luis García Fernández se hundieron en su propia mediocridad tras recibirlo.
El técnico asturiano introdujo alguna variante para afrontar su primer compromiso serio en Son Moix. Dejó en el banquillo a Sergi Darder, aunque dibujó un 4-2-3-1 más parecido a un 4-1-4-1, dada la soledad de Morlanes y la posición generalmente adelantada de Alex Sala, tan bien dotado técnicamente como lento en su quehacer. Con Antoniu Roca, que estrelló el cuero en el cuerpo de Andrés Fernández en la mejor ocasión local de la tarde, en la banda derecha y un desacertado Adrián Liso en la banda opuesta, Pablo Torre lograba moverse entre líneas a la espalda de Adrián Fuentes, estático a merced de los centrales, hasta estrellar un tiro en la base del poste y poner a prueba al cancarbero visitante en el lanzamiento de una infracción cerca de la frontal del área.
Con diez jugadores visitantes en su propio terreno, excepción echa de Miguel de la Fuente, ganador en su provocadora batalla frente a John y Raíllo, el juego bermellón se iba haciendo espeso a medida que pasaba el tiempo y se diluyó completamente en cuanto acusó el error de Arnau Tenas que ponía el marcador en contra y facilitaba el claro objetivo de García Pimienta, entrenador urcitano, de obtener el máximo beneficio con el menor riesgo.
La lesión de Roca en primer lugar y de Morlanes justo antes del descanso, acuciaron los defectos ya observados en el anfitrión a lo largo de los primeros seis encuentros. Con Sergi Darder al mando en esa posición retrasada que no le favorece, la literal desaparación de Torre y Sala unida a la intrascendencia de Adrián Liso y Cerdá, las pérdidas en el centro del campo propiciaron contrataataques suficientes para que el conjunto indálico ampliara su ventaja. De hecho, atención al dato, no precisó relevo alguno en sus filas, cómodamente instaladas en su territorio sin que llas fuerzas atacantes asediaran, acosaran y mucho menos inquietaran a su retaguardia.
A la acción del tanto encajado no siguió reacción, sino rendición. Los últimos cambios desde el banquillo local, Puigmal primer por la izquierda, luego a la otra banda, el debut de Alberto Moreno, con aparente sobrepeso, y la muy tardía entrada de Buksa, no dieron opción siquiera al clásico y desesperado bombeo de balones salvo en busca de algún servicio aéreo con el que, por cierto, Adrián Fuentes no conectó muy cerca de la meta. Por el contrario, desquiciaron a una escuadra ya desnortada que perecería en la orilla de la impotencia.











