Brotes verdes en Son Moix

El Mallorca superó a su rival en todos los órdenes mostrando una evidente superioridad y un cierto avance en su juego en relación a anteriores encuentros, favorecido sin duda por la disposición timorata de Las Palmas que, sin capacidad de contraataque fiaba su suerte a una barrera de cinco centrocampistas que en ningún momento pudieron arrebatar la posesión al anfitrión que, a partir del gol, adquirió mayor confianza y bajó el listón de su ansiedad.

Luis García bajó a Johan al lateral derecho e insitió en la nueva posición de Antonio Sánchez, extraordinariamente trabajador, en funciones de catalizador por delante de la defensa y cubriendo los dorsales de Sala y Torre, algo más rápido que de costumbre el primero con el gatillo siempre a punto en cuanto olía área, a la par que el joven cántabro se mostraba más incisivo.

El repliegue canario como renuncia a plantar cara, favoreció la presión adelantada de los locales que lograron reducir el espacio de juego a la mitad de campo defendido por sus invitados, que no pasaban del círculo central. Esta vez entraron más en juego los extremos, Liso voluntarioso y Cerdá algo excedido en la conducción, pero en medio de un tono general menos tedioso que de costumbre.

Rubén de la Berrera, técnico amarillo, sacó a sus hombres con retraso tras el descanso para impaciencia del público. Mucho discurso para no cambiar nada. El tercer aviso de Sala desde fuera del área envió definitivamente a la lona a aquel enemigo impotente que, sin embargo, sacó fuerzas de flaqueza al sacar partido del bajón fisico bermellón, además de un intercambio de relevos que durante unos minutos permitió pisar por primera vez terreno local en plena recolocación de sus peones. Darder, que empezó con un error ,abroncado desde la grada, acabó con el espejismo filtrando un pase de gol que Fuentes no desaprovechó.

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