Mucho silbato y poca vista
Podemos detenernos en analizar cientos de veces las acciones de John y Guillermo que el árbitro navarro Iosu Galech Apezteguía entendió como penaltis. Dos jugadas que admiten todo tipo de interpretaciones pero que, a mayores, no llamaron la atención del canario Pulido Santana desde la sala VOR, por lo que no han sido objeto de esta inútil revisión a la que se dedica el CTA cada lunes. No perdamos el tiempo.
No hay mayor prueba del bajo nivel del arbitraje español, malo en Primera y peor en Segunda, que el hecho repetido de tener que descender el mismo año de su ascenso a quienes han premiado con subir a la máxima categoría. Uno de ellos el mencionado Iosu Galech Apezteguía además del andaluz José Luis Guzmán Mansilla. Si no han sido capaces de alcanzar la puntuación mínima y los bajan ¿por qué los auparon?.
El llamado «caso Negreira» revela, más allá de lo que sucediera o no con el Barça, el funcionamiento del sistema de ascensos y descensos reinante en el Comité, un constante campo de batalla entre los propios colegiados dada la diferencia de ingresos entre una categoría y la otra. Para que se hagan una idea, quienes pitan arriba salen a unos 300.000 euros por temporada entre partidos, derechos de imagen y bonus, mientras los de abajo no pasan de la mitad. Y si, es una pasta.
Lo normal sería que los jefes hubieran sido primeras espadas en su labor. Nada más lejos de la realidad. El presidente del Comité no pasó de pitar en Regional aunque tenga la carrera y ejerciera de abogado, Francisco Soto. El director técnico es el único que fue internacional, David Fernández Borbalán, pero no podemos decir lo mismo n i advertir excelsas virtudes en Javier Turienzo Alvarez, 13 años en Primera sin una sola nominación FIFA y Fernando López Acera, de Barakaldo, tres solo tres años en Segunda si pisar jamás una quiniela de escalada.
El trencilla del pasado sábado en Ipurua figura inscrito en el comité de Navarra, del que forma parte el director de VAR de los grandes, Prieto Iglesias, a su vez descendido de categoría en dos ocasiones, con otro juez vasco, Gorostegui. Por si faltara San Fermín, el pasado mes de agosto repescaron al famoso Alberto Undiano Mallenco colocándole al frente de la Primera RFEF y fútbol no profesional. ¡Riau, riau!.
Galech Apezteguía montó un tinglado el 14 de febrero de este mismo año en un Sevilla-Alavés al expulsar a los 15 minutos a Juanlu, del equipo local e ignorar, según crónicas, dos penaltis en el àrea visitante. Mostró una tarjeta roja a Matías Almeyda, técnico sevillista, negándose a explicarle el motivo de la expulsión durante una discusión que se prolongó en la banda durante más de cinco minutos. No le enviaron a la nevera. Descendió al final del campeonato.
Conclusión: si los que mandan fueron malos, salvo excepciones concretas, ¿cómo van a ser sus discípulos?. Un problema sin solución en tanto en cuanto dependan de la Federación Española de Fútbol tal cual miembros de su «brazo armado». No lo digo yo, lo hizo en su día Mateu Alemany.











