El mayor tinglado del mundo

El sistema de federaciones deportivas constituidas como verdaderas asociaciones de clubs, aunque al margen de ellos, fueron usadas como organismos de control a través del que acceder a los datos de miles de jugadores, técnicos, directivos cuando no existían leyes protectoras de la privacidad. Una vez impuestas las sociedades anónimas deportivas, carecen de sentido porque las propias asociaciones profesionales cuentan con los medios suficientes para organizar sus competiciones, expedir licencias y arbitrar sus comités reglamentarios y disciplinarios.

Estas federaciones son el caldo de cultivo de las distintas confederaciones continentales que, a su vez, se inscribieron en este ente furtivo convertido en centro de negocios que nunca hemos sabido cuándo, cómo y dónde tributa llamado FIFA, cuyo presidente no solamente evita su dimisión pese a los atropellos perpetrados en el reciente Mundial 26, sino que amenaza con singular descaro en privatizar el negocio del fútbol que dirige como si se tratara de su propia empresa particular. Con apoyo, por supuesto. Hay que repartir. De ahí que, en busca de su reelección, pretenda comprar por anticipado los votos para renovar a 40 millones por institución.

Pero vean que al final todos son de la misma calaña. Mientras la UE, junto a la UEFA, en la que se inscribe la Federación Española de Fútbol, se manifiesta amenazadora ante el anuncio, en Las Rozas guardan silencio al tiempo que se disponen a pensar acerca de la propuesta del patrón, Gianni Infantino, que, en el fondo, no es muy diferente de lo que hacen don Rafael Louzán y su staff a pequeña escala. ¿O acaso no es un acto comercial el empeño de trasladar partidos de fútbol de la liga a estadios en el extranjero o, más aun, sacar de España para cobrar en Arabia la disputa de la Supercopa, con comisiones a terceros incluidas, ampliándola a un play off innecesario lo que siempre fue una simple final único o doble partido?. El mecanismo no es muy distinto, consiste en regar de dinero a los que más tienen, Real Madrid y Barça, un poco menos al tercero en discordia, el Atlético y una limosna para el cuarto que actúa de comparsa?.

El objetivo de una federación, sea del deporte que sea, no es ganar dinero, de hecho no lo es de ningún organismo público, sino usarlo para sus gastos sin entrar en déficit. Y las federaciones son entidades semipúblicas en tanto en cuanto perciben dinero del estado. Tampoco debería ser el objetivo de la FIFA con la pornográfica exhibición de lujo que acompaña todas sus actividades. La guinda a este inmenso panal de pocas abejas y mucho zángano, la pone Javier Tebas, que arremete contra la FIFA en su condición de presidente de la Liga de Fútbol Profesional, sin dejar de «pensar» como vicepresidente de la RFEF.

De verdad, todo lo que excede del minuto 1 al 90, con su prolongación si tanto se quiere, siempre y cuando no haya chanchullos, es la podredumbre que invita sencillamente a no creer nada ni en nadie.

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