El legado de Mr. Kohlberg

Uno de los atractivos del fútbol es la posibilidad de confrontar gustos. Nada más cierto que en cada aficionado anida un seleccionador, no entrenador, en potencia. Esta es la semilla que germina en afición, colores aparte, porque el sentimiento es el agua que la alimenta.

Más allá de la diversidad de opiniones, siempre respetable, cada equipo se construye con años y paciencia. La Selección española constituye el paradigma de la creación de un grupo cuyas bases se remontan a diez años atrás hasta culminar en la conquista de la Copa del Mundo. Humildad, compañerismo, confianza y perseverancia, igual a proyecto.

Me he permitido bucear en el fallido por inexistente plan pergeñado por Andy Kohlberg en la gestión de su propiedad, el Real Club Deportivo Mallorca. De haber apostado de verdad por algo más que el beneficio en el mercadillo barato del intercambio de futbolistas, el próximo miércoles ante la representación del Paris Saint Germain, podrían vestir de rojo y negro: Rajkovic (Greif), Maffeo (Gio), Valjent, Raillo (Pablo Ramón), Estupiñán (Rafa Obrador), Ruiz de Galarreta (Febas), Samu, Take Kubo (Cucho Hernández), Muriqi (Budimir), Kang-in Lee (Robert Navarro). ¿Qué objetivo se podría marcar a esta escuadra?.

La cruda realidad nos sitúa en otro escenario. Maffeo ha sido reemplazado por Puigmal o Mateu, Leo Román por Arnau Tenas, Mascarell por Alex Sala, Samu por Soumahoro, Muriqi sustituido por Adriàn Fuentes y Mateo Joseph por Antoniu Roca. ¿Observan alguna mejoría?.

Se han perdido activos y aumentado cesiones, se ha dilapidado un potencial incalculable con un balance de tres descensos en diez años en lugar de seguir la senda del Villarreal, el Osasuna o el Rayo Vallecano solo por citar clubs con menos recursos y que han pisado Europa, meta al alcance de la alineación memorizada cuyo valor, de haber contado con una propiedad coherente, hoy mismo superaría de largo los cien millones de euros. A todo eso Mr. Kohlberg, como Mr. Marshall en la película de Berlanga, ha pasado de largo dejando al club con las cerchas, los cristales, las banderas y el catering enmohecidos. Busquen, comparen y si encuentran algo peor, díganlo.

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