El primer aviso

Luis García Fernández, entrenador del Mallorca de la reestructuración, afirmó después de la derroya sufrida en Granada, que «hemos jugado mejor que contra el Valladolid». No vamos a negar la mayor, que tampoco era muy difícil, y hasta la guardaremos para entender qué es jugar bien junto a la de Carlos Bilardo de hace años: «Jugar bien es ganar».

Los técnicos saben más que cualquiera de nosotros, simples aficionados con teclado, pero nuestra incapacidad para profundizar en el fútbol intrínseco que no sabemos en qué universidad se enseña, si nos permite distinguir entre lo que es competir o no hacerlo, así que a la aseveración del jefe del cuerpo técnico agregríamos nuestra propia coletilla: «….pero compitió peor». A partir de ahí reconozcamos que ambas virtudes no son incompatibles, sino necesariamente paralelas.

Uno de los problemas, seguramente no todos, nace bajo palos. De la dupla Rajkovic-Greif se pasó a Greif-Leo Román, a Leo Román-Bergstrom y a Arnau Tenas-Bergstrom, siempre bajo la atenta mirada de Cuéllar, contratado igual que Abdón como ejemplo a imitar y motivador de sus compañeros. Valoren ustedes mismos, escasos lectores, la curva descendente del nivel.

En la primera línea de retaguardia encontramos al firme tándem Valjent-Raíllo inamovible durante las ocho últimas temporadas sin competidores internos, flanqueados por una rosario de laterales de ambos lados de los que quedan cinco a cual menos fiable salvo que el recién incorporado Alberto Moreno exhiba sus galones en el izquierdo. Al menos la mayoría han escapado a la fiebre de las cesiones, todos fichados en forma aunque no tiempo. Pero de eso escribiremos otro día.

En este inicio de temporada en el que nos encontramos la impaciencia es uno de nuestros enemigos. ¡Esto es…..verdad!. Sin embargo nadie parece haber entendido el único mensaje de fondo transmitido por el preparador: «la segunda división es muy difícil». En la conciencia de los propietarios pesa este descenso anunciado que no supieron evitar por puro desconocimiento del negocio en el que invirtieron. Puede que los millones ingresados por la ayuda de la Liga de Fútbol Profesional y los traspasos de este verano hayan compensado su amargura pero la primera lección que todavía no ha calado en un vestuario parcialmente sustituido es que ser el equipo a batir no expresa afecto ni piropo, sino un argumento que impele a los veintiun competidores a morir cada jornada en el intento de doblegar a este león menos fiero de lo que le pintaban.

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