Estreno de goleadores
Dicen que el resultado es lo único importante y, en efecto, es lo que queda al final de todos los partidos, hayan sido buenos o malos. Los puntos en la clasificación se adjudican en función del marcador, no por el juego de cada uno de los contendientes. Es la lectura positiva que cabe extraer de la victoria del Mallorca, poco exigido por este Ceuta atolondrado que no logró inquietar a Arnau Tenas más que un rebote inesperado y solo estuvo pendiente de ocupar el máximo espacio comprendido entre el círculo central y su propia portería.
En cierto modo esta disposición facilita el acomodo de los de Luis García Fernández que han comenzado el campeonato con un ritmo cansino, a veces desesperademente lento, donde el empeño en romper por el interior condiciona la definición, deficiente, y delimita la labor de los exteriores que, en sus escasas internadas, no encuentran compañeros en condiciones de rematar. La cabeza se activa con retraso, igual que muchas de las decisiones tardías y no siempre acertadas, proporcionando ventaja al repliegue de la retaguardia enemiga.
El juego se ralentiza, todo se hace muy previsible y no se desatasca ni siquiera cuando el rival insiste en tareas de cobertura aun con el marcador ya en contra. En Granada Pacheta respondió con la tecla de la velocidad y la anticipación. Romero, el técnico caballa, no tiene recursos para hacer lo mismo al menos por ahora. Tal ver por la calor o simple conveniencia, el Mallorca bajó aún más la marcha después del segundo gol. Antonio Sánchez relevó a Morlanes desde el atril del director en un papel que no le corresponde. Nadie estaba al mando de la orquesta pese a los intentos de Alex Sala y la asfixia habitual de Pablo Torre, el agotamiento de Luvumbo, combativo pero precipitado, Calatayud de vocación más ofensiva que defensiva y Lato, seguramente estimulado por el fichaje de Alberto Moreno que no debería ser el último.
Pero si los goles son los que dan vida, alegría y color al espectáculo, debemos celebrarlos aunque lo hagamos plenamente conscientes de que a medida que avance el campeonato habrá más batallas como la de los Nuevos Cármenes que del estilo que ha presidido los dos triunfos obtenidos en casa porque, a medio y largo plazo, lo que inclina la balanza no es el desenlace casual o no, de una tarde cualquiera, sino le consecuencia de una idea de juego bien ejecutada que, aunque es muy pronto, no se adivina.










