Victoria de pillos
No es lo más frecuente, parece increíble pero lo crean o no, fue el anfitrión el equipo que planeó el partido a la contra y lo sacó adelante sin ser mejor que su enemigo. Incluso creó más ocasiones claras que el Sabadell, tan voluntarioso como ingénuo que, mejor colocado, ahogó a los de Luis García Fernández en su propio terreno dedicados a defender la ventaja adquirida al punto de encontrar en su cancerbero Arnau Tenas su mejor asistente y, a la vez, su baluarte más seguro.
Las novedades se limitaron a la alineación de Soumahoro en calidad de lateral izquierdo y el pase de Luvumbo a la reserva sustituido por Josep Cerdá mientras Pablo Torre se sentaba a su lado por segunda vez consecutiva. Relevos nominales sin cambio de dibujo donde Sergi Darder, inócuo, figuraba al mando flanqueado por Morlanes y Alex Sala, tres jugones para no dominar el centro del campo y, peor aún, errar la mayoría de sus cesiones.
Ferrán Costa mandó a sus huestes al ataque tal vez por no disponer de otra opción, por eso descuidó la protección de su retaguardia lo que seguramente motivó su derrota. Los arlequinados dominaron el centro del campo simplemente por su mejor disposición sobre el terreno, controlaron el partido de principio a fin salvo en las áreas, donde deciden los detalles. Fueron tan autoritarios en el centro del campo como inocentes en sus llegadas, sin restar mérito a los defensas y el portero bermellones, entre los que cabe destacar a Adrián Liso, extremo que brilló más por sus ayudas defensivas que frente a la meta visitante.
El Mallorca no fue mejor el Sabadell, en los primeros compases de la segunda parte, embotellado, sin capacidad ni rapidez para salir, sin trenzar una sola acción para ganar espacio sino, al contrario, entregar repetida y constantemente el cuero, llegó a desatar algún rurn-run de desaprobación en la grada. El guión no ha cambiado, la tercera victoria en casa sin convencer ni despejar dudas, pocas o muchas, a criterio de cada cual.












