Cuatro «jugones» que no juegan
Luis García Fernández no ha cambiado su ideología desde la pretemporada. Un 4-3-3 en posesión de la pelota que se tranforma en un 4-4-2 e incluso un 4-5-1 ante la presión del rival. El problema, si lo hubiere, no estriba en el dibujo en si mismo, sino en cuestionar si los jugadores que lo ponen en práctica se encuentren cómodos o el equipo fluye en torno a este patrón. Las tres victorias en casa avalan el esquema, no así el juego, inútil lejos de Son Moix, precario en Palma y pobre en ambos casos.
El técnico asturiano insiste en utilizar a Sergi Darder como líder del centro del campo por delante de la defensa de cuatro. A sus flancos Morlanes y Alex Sala o Pablo Torre completan lo que se supone debería ser el cerebro que ordena sus movimientos al resto del esqueleto. Pero no es así. La diferencia de enfrentarse a los suplentes del PSG de fin de semana vacacional a tener que superar a enemigos cuyo aliento resopla en el cogote se ha hecho notar en estos primeros compases de liga.
Disponer de cuatro «jugones» dotados de apreciables virtudes técnicas como contraste a su lentitud de piernas y pensamiento no asegura el control del centro del campo que, resultados aparte, no se ha dado en ninguna de las cinco jornadas disputadas. El de Artá no es Rodri ni se le exige, tampoco un «5» argentino. Sus compañeros no emulan a Fabián o Pedri. La acción del primer gol a raíz del pelotazo de Arnau Tenas hacia el delantero más avanzado, Adrián Fuentes, demuestra la escasa confianza de los jugadores en este intento de fútbol combinativo que genera tantas pérdidas y pases al contrario que obligan a un esfuerzo defensivo superior e inesperado.
No deja de ser curioso que, a día de hoy, la peor línea del equipo sea precisamente la medular. Es ahí donde se rompe la columna vertebral que comienza en el portero, pasa por Raíllo y, rota por su mitad, acaba en el delantero centro. En términos gráficos todo parece funcionar desde las cervicales al coxis, pero duele la región lumbar, la de mayor flexibilidad. Como en la vida, si las ideologías se sobreponen a las ideas falla el sistema.












