Miguel Vidal y la «caza» de Magic Johnson

Gracias a la intermediación de Miguel Vidal en 1990 organizamos en la Fundación La Caixa para El Día de Baleares un reconocimiento a los mejores deportistas locales que contó nada menos que con la presencia de varios campeones olímpicos como el cubano Alberto Juantorena, oro olímpico de 400 y 800 metros en Montreal 76, Dick Fosbury, oro olímpico de salto de altura en México 68 o el mítico Bob Beamon, oro olímpico de salto de longitud en México 86, aunque personalmente quedé prendado de Aileen Riggin Smith, que con 14 años participó en los Juegos Olímpicos de Amberes de 1920 y que a los 80 nadaba cada día tres kilómetros en Hawaii. Aileen Riggin Smith, que tenía 84 años recién cumplidos cuando celebramos la fiesta, y que llegó a ser la medallista olímpica estadounidense de más edad (falleció en 2002, a los 96 años) nadó en Son Moix en sesiones de casi dos horas durante los tres días en los que permaneció en la isla.

Aquella gala fue un éxito tan impactante que la dirección del periódico decidió ir un paso hacia adelante. Aprovechando que Miguel Vidal iba a viajar a Los Ángeles para entrevistar a Magic Johnson con el objetivo de iniciar una serie con las grandes estrellas de la NBA que participarían en la Olimpiada de Barcelona de 1992, me enviaron a mí para acompañarle con la meta de conseguir que Johnson fuera nuestro invitado especial en la siguiente edición. Era muy complicado, pero después de haber reunido a cuatro campeones olímpicos en Mallorca no parecía imposible.

El 7 de noviembre de 1991, el día siguiente de haber cumplido 27 años, me reuní con Miguel en Madrid y tomamos un avión de Iberia con destino al aeropuerto internacional de Los Ángeles. 14 horas de vuelo en las que no sólo planeamos cómo convencer a Magic, sino que también especulamos con la posibilidad de incluir en el paquete a Kareem Abdul Jabbar, que sólo dos años antes se había retirado del baloncesto activo.

El módulo de llegadas internacionales del LAX, el aeropuerto internacional de Los Ángeles, estaba en 1991 muy alejado del edificio central, al menos en lo que a vuelos de Iberia se refería. En consecuencia tocó recorrer una enorme distancia desde el finger del avión hasta la cinta que transportaba las maletas. Tiempo más que suficiente como para notar que en todos y cada uno de los kioskos de prensa que encontrábamos en el camino la foto de portada era precisamente para Magic Johnson. Como teníamos mucho sueño y lo que queríamos era ir al hotel a descansar, al principio no le dimos demasiada importancia, pero al ver que la imagen se repetía una y otra vez nos paramos a mirar. No nos lo podíamos creer. Magic: «I’ve got AIDS» era el titular de Los Angeles Times. Magic: «Tengo SIDA».

El SIDA era un estigma de primer nivel social en 1991. Parecía una sentencia de muerte. El anuncio voluntario de Magic fue demoledor: uno de los jugadores más carismáticos de la NBA, enfermo de SIDA. Y nosotros estábamos en Los Ángeles precisamente para verle. Para entrevistarle. Para trasladarle una invitación formal para que nos visitara en Palma después de los Juegos de Barcelona. De repente el mundo se nos vino abajo.

En 1991 no existía el protocolo que rodea ahora a los deportistas famosos. No se estilaban los jefes de prensa y tú podías ir y entrevistarlos sin demasiados problemas. Por supuesto había excepciones, pero lo normal era que consiguieras tu objetivo. Así logró Miguel hablar con algunos de los mejores campeones del mundo. Así estuvo con Pelé en Nueva York o con Mohamed Alí en Berlín. Cuando tomamos el avión en Madrid estábamos convencidos de que con Magic sucedería lo mismo. Aquello, sin embargo, lo cambiaba todo.

Nuestro hotel era un modesto Days Inn situado en Inglewood por dos motivos: el primero, su cercanía al aeropuerto; el segundo, porque era el barrio donde estaba situado el Forum, el pabellón en el que jugaban los Lakers. Tras un recorrido nocturno no exento de dificultades con el Chevrolet que habíamos alquilado, porque en aquella época el GPS aún no se había popularizado y la única forma de llegar a los sitios era tirando de mapa y preguntando, consiguimos por fin descansar algunas horas en el hotel. Poco tiempo porque ni el jet lag ni los nervios nos dejaron descansar demasiado.

La mañana del 8 de noviembre de 1991, el día después de que revelara su enfermedad, el Forum de Inglewood estaba atestado de periodistas americanos, muchos llegados directamente desde la costa este para tratar de conseguir una entrevista con el base de los Lakers cuya revelación había sacudido todo el país, hasta el punto de que el propio presidente George Bush había dicho que «Magic es mi héroe, vamos a estar con él al 100×100».

«Imposible, el señor Johnson no va a hacer ninguna declaración», fue la previsible contestación que nos llevamos todos. «De hecho, por ahora no va a venir a los entrenamientos», añadió el portavoz del club que se había dirigido a los medios apelotonados en el lugar por el que se suponía que iba a entrar Magic en el pabellón.

Miguel se fijó entonces en un grupo de unos 20 niños de color que estaban agrupados a varios cientos de metros de la puerta de acceso a los vestuarios. Todos juntos y con una libreta en la mano. «Cazadores de autógrafos», le dije sin prestar demasiada atención porque era lo que me parecía lo más lógico. Los Lakers iban a entrenar por la mañana y ahí estaban a su disposición James Worthy, AC Green o incluso el gigantesco pívot serbio Vlade Divac. A mí me falló el instinto. El de Miguel, sin embargo, estaba afinado hasta el extremo. Se acercó a ellos y les preguntó que a quién estaban esperando. «A Magic, esperamos a Magic». «¿Cómo que a Magic? Si Magic no vendrá hoy». «Sí, sí que vendrá. Magic viene cada día media hora antes del entreno para lanzar a canasta él solo, pero no va a la pista principal, sino a esa otra», nos dijo un niño señalando con el índice una entrada alternativa.

Recuerdo lo que sucedió a continuación con una claridad meridiana. Parece que fue ayer. Una inmensa limusina negra apareció de repente y de ella se bajó Magic. Miguel, que estaba junto a los niños, corrió hacia él con un ejemplar del diario As abierto de par en par. Alertados por el alboroto, el enjambre de periodistas que esperaba en la entrada principal salió en estampida hacia el vehículo, pero fue en vano porque el equipo de seguridad que acompañaba a Magic se encargó de que no se acercaran. Tampoco Miguel tuvo demasiado tiempo, pero sí el necesario para que yo pudiera plasmar su encuentro con mi cámara y para que Magic, que no sabía ni con quien estaba hablando, le contestara de manera precipitada dos preguntas. Fueron respuestas muy simples, casi monosilábicas, pero el objetivo de había cumplido: al día siguiente la foto de Miguel Vidal y Magic Johnson en Los Ángeles fue portada del Diario As. Yo, por supuesto, no tuve ni la menor oportunidad de plantearle el asunto del viaje a Mallorca. De todas formas era absurdo pensar en eso en aquel momento.

Resuelto el asunto de Magic Johnson de la forma más inesperada posible, nuestra siguiente etapa antes de regresar a España nos llevaría a San Francisco a una convención de entrenadores de fútbol organizada por la Universidad de Stanford aprovechando que la selección estadounidense iba a jugar un partido amistoso en el gigantesco estadio situado en el centro del campus. USA estaba preparando el Mundial 94 y trataba de cuidar todos los detalles para acoger la mayor cita futbolística de todo el planeta.

Sin embargo antes de recorrer los 800 kilómetros que separan LA de San Francisco a través de la increíble Highway 1, pasando por lugares como Monterrey, Santa Bárbara o Carmel, donde Fray Junípero Serra fundó la primera de sus misiones, quedaban aún dos días pagados de hotel previstos inicialmente para profundizar en la ya descartada charla con Magic Johnson. El primero lo invertimos en ir al Rancho Cucamonga, una ciudad del condado de San Bernardino donde nos esperaba Mike Powell, que ese mismo año 1991 había batido el mítico récord de salto de longitud de Bob Beamon que estaba en vigor desde la Olimpiada de México 68. Powell nos atendió en su rancho y nos dedicó varias horas. Fue un placer charlar sin mirar el reloj con una de las grandes estrellas del atletismo mundial.

Al día siguiente, la víspera de nuestro viaje a San Francisco, debo admitir que me dejé llevar por mi espíritu infantil. Me levanté muy pronto y me marché al condado de Annaheim, al Disneyland original de Walt Disney. ¿Y Miguel? ¿Qué hizo Miguel? Me pidió que le llevara a la agencia de viajes más próxima, donde compró un billete de ida y vuelta con destino a El Salvador. Cinco horas y media de vuelo de ida y otras tanto de vuelta con un único objetivo: entrevistar a Mágico González, que en junio de 1991 había abandonado el Cádiz tras resolver favorablemente una acusación de violación, y al que se había perdido la pista. Aunque lo que voy a contaros pueda parecer increíble, Miguel llegó a San Salvador sin la menor idea de cuál era el paradero de Mágico. En un solo día no sólo le encontró, sino que consiguió su propósito de entrevistarle. Su reportaje en El Salvador rompió récords de ventas en el Diario As. Nunca me he perdonado el error profesional de no haberle acompañado, aunque la verdad es que si no lo hice fue porque ese billete de avión sí que tenía que pagármelo yo de mi bolsillo y, dado que albergaba serias dudas de que el periódico fuera a reembolsármelo, preferí el más económico viaje a Disneyland, a años luz de los 4.500 dólares que costaba el pasaje.

A las cuatro de la tarde del día siguiente Miguel se encontró conmigo en el Days Inn y me enseñó las fotos ya reveladas de su encuentro con Mágico González. Si ya antes de conocerle le admiraba, aquel viaje acabó de cimentar mi devoción por él. No he conocido nunca un periodista tan eficaz, tan entregado y tan trabajador. No tengo ni la menor duda de que allí arriba ha empezado ya a escribir su próximo libro.

El viaje acabó en San Francisco, donde tuve la oportunidad de conocer y tratar a Carlos Bilardo y a Bora Milutinovic. También vi jugar a Estados Unidos en la Universidad de Stanford un partido amistoso ante 70.000 personas. Fue una de las mejores experiencias profesionales de mi vida y tengo que agradecérsela a Miguel. Hoy he querido compartirla con vosotros para que podáis entender un poquito más la grandeza del mejor periodista que ha parido nunca Baleares. En mi carrera profesional he tenido la inmensa fortuna de que dos de mis grandes héroes fueran después mis amigos. Primero Miguel Vidal, luego Luis Aragonés. Los dos están ahora en algún sitio hablando de lo que mejor saben, hablando de fútbol.

12 Responses

  1. Carles dice:

    Qué buena historia!! Gracias por compartirlo, Tomeu. Miguel siempre será un grande

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  2. enzoni dice:

    Grande Tomeu, gracias por compartir esta mágica historia de Miguel, un mago del periodismo. Allá donde esté, ya disfruta de la verdadera magia. Feliz Año.

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  3. coolspot4780 dice:

    Me ha encantado la historia Tomeu. Normal que le tuvieras aprecio y admiración.

    Yo trabajo de director de hotel en una empresa hotelera y en junio murió el consejero delegado. Un visionario reconocido en el mundo de la hostelería por sus propuestas y porque siempre tenía la solución ante cualquier problema. Nunca se ponía nervioso ante ninguna situación. Además, tanto él como el Presidente/propietario apostaron siempre por mi y les debo el haber llegado hasta donde estoy y muchos de los valores que tengo porque me los inculcaron ellos. Cuando murió dejó un vacío en la empresa, pero también en muchas personas, entre ellos yo. Más que un amigo era un mentor, pero se le echa también de menos.

    Me encantan estas anécdotas. Mucho ánimo.

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  4. Escaldum dice:

    Muy bonita historia. Ante la perspectiva de entrevistar a Magic creo que me hubiera hecho caquita. Grandes periodistas son los que consiguen y hacen grandes entrevistas.

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  5. PROBASE dice:

    Se han dicho tantas cosas de Miguel Vidal que añadir algo mas es imposible, cuando el hablaba te podias acomodar y escuchar durante horas y horas porque su palabra era la pura historia del deporte en general, me gustaria que su figura sirviera de ejemplo a muchos periodistas que estan empezando y aunque los tiempos no son los mismos si que hay algo en la que se tendrian que fijar la pureza y la raza, creo sinceramente que el deporte mallorquin siempre estara en deuda con el, porque el ha paseado el nombre de Mallorca y de nuestros deportistas como nadie, como mallorquinista siempre habra que estarle agradecido porque el facilito el camino del dialogo entre Contesti y Pablo Porta para que nuestro esquipo no desapareciese y pudiese inscribirse en la liga, la verdad es que hoy tenemos que estar tristes porque se nos ha ido una figura de nuestra historia, D.E.P. Miquel.

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  6. Nenad_Milijas dice:

    Brutal historia….
    Por los personajes a entrevistar, el escenario y lo del Mágico ya es imperdible, parece de guión de película…encontrar de cero a Mágico en su pais, en su salsa.
    Un crack Miguel Vidal

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    • enzoni dice:

      Habría que hacer una película, tiene todos los tintes de sobra y costaría creer cómo alguien pudo ser tan suertudo.

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    • Nenad_Milijas dice:

      suertudo ..o que se las sabia todas..o que el magico era previsible dentro de su imprevisibilidad….menuda aventura

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  7. Angel Amengual dice:

    Magnifica historia y magnifico post, Tomeu.
    DEP.

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  8. Inaki dice:

    Hola Tomeu. Recuerdo como si fuera hoy aquel mágico día en que, de la mano del gran Miguel Vidal, desembarcó en Palma aquel dream team para celebrar la Fiesta del Deporte de El Día 16 de Baleares. Andábamos por la Fundación Sa Nostra con los ojos como platos sin saber muy bien por dónde empezar a entrevistar. Teníamos delante al legendario Bob Beamon, a Dick Fosbury (que con su eterna sonrisa parecía esperar más que le contásemos un chiste en vez de formularle una pregunta), Alberto Juantorena…. y entre todos ellos se abría paso como una figura de cristal una abuelita a la que no nos atrevíamos a acercarle demasiado aquellos ladrillos de hierro que usábamos como grabadoras por miedo a hacerle daño. Vidal vio mi cara de despiste y me dijo con ese vozarrón siempre amable: es Aileen Riggin, nadadora olímpica en Amberes 1920. Los entrevistamos a todos en una jornada de ensueño para cualquier periodista deportivo. Fue como si a un melómano le encierran en una habitación con los Beatles. Luego fuimos al periódico a redactar como posesos aquel suplemento de 24 páginas. Pocas veces trabajar fue tan placentero. Gracias Miguel, te veo sonriendo allá donde estés. Y gracias Tomeu por recordar este día
    Un saludo y feliz año.
    Iñaki Oteiza

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    • Tomeu Maura dice:

      Hola Iñaki. Tienes toda la razón, era en la Fundación Sa Nostra, y no en La Caixa. Y, sí, fue un día mágico para todos. Un fuerte abrazo, amigo mío.

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  9. Any1916 dice:

    Espero que se le rinda merecidìsimo homenaje a tan brillante periodista con mayùsculas, mis condolencias a su familia,a Tomeu como al resto de amigos y compañeros, creo que un libro donde se reunan anècdotas tan interesantes que demostraban su intuiciòn y fè lo agradeceìamos todos los Mallorquinistas y aficionados del deporte en General.